PROGRAMAS DE DESARROLLO SOCIO-AFECTIVO "LAS LECCIONES DE KIDY"

LAS LECCIONES DE KIDY E INDIVIDUARTE

Decirle “no” a nuestro ser más querido parece inconcebible para algunos padres demasiado permisivos y débiles de carácter con sus hijos, mientras que para otros padres parecen preprogramados para decir solo “no” y “no”.

Lo ideal es encontrar el punto intermedio entre ser algunas veces un padre bonachón que trata a su hijo como a un amigo, y ser un padre recto que imparte y hace cumplir las reglas, en otras.

Todo padre debe trazar una línea de respeto y autoridad entre él y su hijo desde sus primeros años. Tú eres el adulto responsable, el modelo que seguirá para reafirmas su propia personalidad. Un padre blando, demasiado indulgente no se está comportando como padre porque no está inculcando a sus hijos los valores base sobre los cuales se asentará su desarrollo personal.

Decir “NO” con mucha frecuencia, favorece una visión pesimista de la vida. Impide soñar, desear y por ende, ambicionar. El padre que NO ESCUCHA y que NO NEGOCIA, tiende a generar resentimiento en sus hijos. Esta situación forma personas rígidas, autoritarias, controladoras, ansiosas y con baja tolerancia a las diferencias.

En la adolescencia esta actitud, puede llegar a deprimir a los hijos y que éstos no sean creativos al solucionar problemas. Les resta autonomía aumenta la dependencia y en consecuencia la autoestima baja.

Por otro lado, ser un padre vertical al estilo antiguo está comprobado que no funciona. Los niños de ahora no son ni como los de hace 10 años, menos se van a parecer a como éramos en nuestra época. El control excesivo, los juzgamientos y los sermones exagerados no solo no funcionan sino que resultan contraproducentes para el desarrollo de la dignidad de nuestros hijos.

Dosifica y evalúa la oportunidad para impartir autoridad e indulgencia necesarias para crear un equilibrio en la relación padre-hijo.


            “…SU MAESTRA Y EL COLEGIO SON MI APOYO”

En la actualidad, las familias, a pesar de sus mejores niveles de formación y educación, están más afectadas por influencias sociales negativas y son más débiles en su estructura, encontrándose inmersas, en muchos casos, en problemas reales que afectan a su estabilidad. Carencia de ideales claros de vida, dificultades de convivencia o ruptura del matrimonio, etc. Esas familias necesitan más que nunca ayuda en la acción educativa profunda, y deben encontrar colaboración en el ámbito escolar, dentro de un marco de confianza.

La peculiar relación existente entre escuela y familia, exige de ellas una exquisita coordinación. Del mismo modo, la necesidad de personalización para una verdadera formación, y la reciprocidad de la relación establecida, solicitan crecientes grados de participación y comunicación entre ambas instituciones.

Una relación de confianza Padres y Maestros:

En una familia todos educan y son educados.

Son, los padres quienes están en mejores condiciones, a causa de su cariño desinteresado, de conseguir el crecimiento en autonomía de sus hijos y, por tanto, la madurez: un crecimiento en libertad y responsabilidad que solamente es posible, de manera armónica, cuando la familia soporta las decisiones personales, con su mezcla de aciertos y errores.

Características de la relación Familia-Escuela:

Es la familia quien tiene el derecho-deber de la educación.

·         Son los padres quienes tienen la posibilidad de decidir acerca de las cuestiones esenciales, sobretodo cuando los hijos son menores.

·         Son los padres quienes eligen el centro educativo. Ayudan a los hijos a elegir a los amigos, a situarles en determinados contextos sociales donde se entablan las relaciones de la amistad.

·         Son los padres quienes, como consecuencia de su estilo de vida, relaciones, conversaciones juicios, etc. van creando una cultura familiar que es clave en todo el proceso de maduración de la persona, de tal manera que muchos de los referentes en la toma de decisiones de las personas adultas se basan en actitudes y valores adquiridos en los primeros años de vida.

·         Son los padres quienes gozan de esa relación de intimidad única que exclusivamente se da en el seno de una familia y que permite todo tipo de interrelaciones personales: de afecto, ayuda, orientación, soporte, etc. que influyen y modifican los comportamientos de todos sus miembros.

·         Los padres son quienes están en mejores condiciones, a causa de su cariño desinteresado, de conseguir el crecimiento en autonomía de sus hijos y, por tanto la madurez; un crecimiento en libertas y responsabilidad que solamente es posible de manera armónica, cuando la familia soporta las decisiones personales, con su mezcla de aciertos y errores.

Los padres ESTABLECEN con la escuela una particular relación de confianza, mediante la cual delegan autoridad, funciones, objetivos familiares, etc., en la institución a la que confían sus hijos. Es pues, como una prolongación suya, adquiriendo así su pleno sentido.

         Esa relación de confianza es la que determina, matiza y da forma al binomio familia - escuela, que debe estar marcado por una actitud de responsabilidad compartida y complementaria en la tarea de educar a los hijos. Ello implica una verdadera relación de comunicación donde padres y maestros establezcan una vía abierta de información, de orientación, sobre la educación de los hijos, constructiva y exenta de tensiones por el papel que cada uno de ellos desempeña.

En este sentido, la familia debe tener una actitud activa y participativa, más allá de las aportaciones puntuales de información sobre los hijos, en la medida que lo requieran los maestros: esto es, trabajar conjuntamente en la orientación de la persona en orden a un proyecto común de educación.

Si no se produce ese acuerdo previo sobre cómo y para qué queremos educar a nuestros hijos, la disfuncionalidad en la relación padres-maestros y en el mismo proceso educativo, estará asegurada. Una escuela no puede limitar su actividad a los campos que sean de su exclusivo interés, sin atender a las necesidades de la familia.

Los padres de familia deben buscar hacer una interrelación de apoyo y de comunicación; con su hijo con su esposa y con el mismo maestro, para que esa buena educación que el padre desea para su hijo se lleve a cabo de una manera más integral, y su hijo pueda desarrollarse como un buen ciudadano y un buen ser humano.

En la perspectiva antigua de la educación, la escuela era el lugar en el cual la sociedad hacia al niño a su imagen y semejanza; prohibiéndole, ordenándole y juzgándole continuamente. En la perspectiva actual el maestro hará saber al alumno que es un ser humano libre con derechos y también con obligaciones, para que el alumno tenga una perspectiva diferente de la vida. El maestro como educador-formador, no debe olvidar que los niños de hoy vivirán cuando sean adultos en un mundo profundamente diferente del mundo actual.

La "delegación" del padre:

La "delegación" de la educación en manos de la escuela no es absoluta ya que, por un lado, los padres siguen educando a sus hijos y, por otro, no deben permanecer ajenos a lo que la escuela "hace" con sus hijos. La experiencia diaria muestra que muchos padres optan por la cómoda actitud de "lavarse las manos". La educación de los hijos es "un problema de la escuela". Para ellos mandar a sus hijos a la escuela es semejante a enviar un automóvil a una estación de servicio: lo guardan, lo limpian y lo engrasan y luego se lo devuelven.

Lo primero que los docentes observan es que toda tarea educativa se vuelve estéril si no es acompañada por los padres. Si los padres tiene un nivel cultural muy bajo, el aprendizaje de los hijos se hace más difícil y, lo que es mucho más grave aún, si los padres no valoran adecuadamente el aprendizaje, los hijos difícilmente se motiven por él.

Los valores que la escuela pretenda inculcar en sus alumnos no deberían estar en pugna con los que se viven en su casa. Si los padres opinan que en este mundo hay que avanzar pisando cabezas", mal podría la escuela tratar de infundir en el niño los valores de la solidaridad amor al prójimo. HAGAMOS UN SOLO EQUIPO PARA LOGRAR UNA FORMACIÓN INTEGRAL Y NIÑOS SANOS Y FELICES!

 


EL MODELAJE VIRTUAL… mis héroes, mis modelos a seguir, me los muestra la TV

         Los niños son excelentes imitadores, incluso durante los primeros meses de vida, imitan las expresiones faciales de las personas que los cuidan. Los niños aprenden a comer, vestirse, utilizar el sanitario e interactúan con los demás. Gracias a que sus padres y otras personas constantemente les muestran como se hacen esas cosas; los niños no son especialmente selectivos en lo que imitan, a muchísimos padres se les recomienda que cuiden su vocabulario cuando sus pequeños de tres años dicen una mala palabra en un momento de frustración. A veces parece como si nada escapara a la atención de los niños pequeños, aunque la imitación no es el único mecanismo de aprendizaje que tienen los niños, es el primero y sienta las bases de aprendizaje futura. Como los niños imitan permanentemente a la gente que los rodea, es lógico que también imiten a las personas que ven en la televisión o en el cine.

Los niños pequeños no son los únicos que imitan a los personajes de la pantalla, parece que en la actualidad muchos adolescentes hicieran sus compras en las mismas tiendas. A lo largo de la vida imitamos a los demás para aprender cosas nuevas y reforzar nuestra identidad con un grupo particular. Con cierta frecuencia se oyen historias acerca de niños que terminan trágicamente, al imitar algún personaje que han visto en los medios de comunicación ejemplo, un niño de cinco años que le prendió fuego a su casa y causó la muerte de su hermana de dos años, después de haber visto un episodio de dos pre-adolescentes que disfrutan realizando actividades antisociales; un grupo de adolescentes que causó un accidente al imitar la escena de una película en el cual varios jóvenes demuestran su valor acostándose sobre una autopista; un niño de trece años que se disparó en la cabeza mientras estaba jugando a la ruleta rusa que había visto en una película. Todas estas historias son trágicas pero afortunadamente no se presentan a menudo.

Es evidente que la mayor parte de los niños no imitan tan fácilmente lo que ven en la pantalla, de la gran cantidad de conductas, imágenes, actitudes y valores a los cuales están expuestos, los niños escogen solamente algunos. Cuando se sienten frustrados, algunos niños lloran en un rincón, otros dan patadas y golpes, y otros toman con calma su frustración.

En cuanto a los efectos que produce en los niños la violencia que muestran los medios de comunicación, si la imitación fuera la única forma de aprendizaje o lo fundamental, la guía de televisión de hoy serviría para predecir los titulares del mañana.

Como ejemplo tenemos que en 1960 Alberto Bandura realizó en la Universidad de Stanford una de las primeras investigaciones acerca de los medios de comunicación. Durante más de tres decenios Bandura ha estudiado la manera en que los niños construyen su identidad a partir de la gama de posibilidades que tienen; su trabajo inicial se centró en las circunstancias que contribuyen a que los niños se vuelvan más agresivos cuando observan conductas agresivas.

Sus experimentos con muñecos son clásicos en psicología y han ayudado a identificar los mecanismos que intervienen en el aprendizaje, cuando los niños observan actos de violencias en los medio de comunicación.

 EFECTOS NEGATIVOS DE LA TELEVISIÓN EN LOS NIÑOS

La exposición repetida a niveles altos de violencia en los medios de comunicación les enseña a algunos niños y adolescentes a resolver los conflictos interpersonales con violencia, y, a muchos otros, a ser diferentes a esa solución.

Los niños que ven televisión durante más horas son más agresivos y pesimistas, menos imaginativos y empáticos, tienden a ser más obesos y no son tan buenos estudiantes como los niños que ven menos televisión. Cada vez es mayor la preocupación por el hecho de que se ha mantenido oculta la "historia real" de la violencia en los medios de comunicación y sus efectos en los niños.

En nuestra sociedad, el homicidio es la principal causa de muerte de grandes segmentos de la juventud, y hay muchos hombres jóvenes en prisión. La s raíces de la violencia de nuestra sociedad son complejas. Como sabemos, entre ella están la pobreza, el abuso infantil, el alcoholismo y el uso del las drogas psicotrópicas, pero también debemos tomar en consideración el papel que desempeñan las imágenes que nuestros niños ven en la pantalla durante las tres horas y media que diariamente le dedican a la televisión.

Es importante autorizar a los niños durante el tiempo que se exponen a la TV. Redimensionar lo que escuchan y ven en la pantalla es crucial para enlazarlo con el sistema de valores en el que nos apoyamos como familia. Mostrar desaprobación en cuanto a las acciones que se observan en un programa, permite que el niño establezca un criterio de lo correcto y lo incorrecto. Repudiar situaciones específicas como los insultos, el comportamiento de rechazo a un grupo o a personas por ser diferentes a otros facilita  y da paso a conversar temas como la Igualdad , los derechos de las personas, la justicia, la tolerancia. No podemos desperdiciar la oportunidad que nos brinda la TV para formar personas sanas.

Adecuar los programas a la edad de los niños asegura una mejor influencia de la TV y favorecer la discusión de porque debe seleccionarse cada programa, le ofrece el aniño o a la niña, la oportunidad de ubicarse en el contexto socio-afectivo y conocer riesgos asociados a querer crecer antes de tiempo.

 Como todo factor de estímulo la TV tiene sus ventajas y sus desventajas, está en nosostros como adultos encauzar esa serie de estímulos hacia lo positivo.